Uno de los comentarios que más he escuchado en relación a la nueva Ley Antitabaco es que si estamos en una dictadura (o que si antes iban a por los judíos y ahora...). Como si la palabra que mejor representara a una dictadura fuera "prohibición". "Prohibición" no se puede asociar al concepto de dictadura; en todo caso la palabra correcta será "censura". En una dictadura, Uds. no podrían expresar su rechazo a esta ley.
Por suerte, en nuestra sociedad democrática y civilizada tenemos multitud de prohibiciones que nos hacen la vida más cómoda. Está prohibido matar al prójimo, censurar, injuriar, robar, molestar en general, en la calle y en un bar.
Estoy a favor de la Ley Antitabaco porque, aunque en este país y en el mundo en general lo ideal sería no tener que prohibir nada, nuestro sentido común no es suficiente. Creo que la humanidad ha progresado conforme ciertas prohibiciones se iban implantando; a todas ellas siempre hubo opositores e insurrectos.
Hasta que aparecieron ciertas prohibiciones, a nadie le chirriaba el sentido común al fumar en un transporte público, en un cine o en un aula. En otros ámbitos: antes se veía normal pegar a las mujeres o no pagar a los negros por trabajar de sol a sol.
Que cada propietario de bar decida lo que se puede hacer en su establecimiento, si fumar, o no. Bueno, que lo decida también entonces cada compañía de autobuses, cada dueño de un cine, cada rector de una universidad. Que cada uno en su casa haga lo que quiera. ¡Ole!
Que haya espacios reservados para fumadores; es más, algunos locales realizaron una inversión para cumplir con la anterior ley. Aquí, en cambio, estoy muy de acuerdo. He de decir que es el único argumento al que le veo sentido. Como si quieren hacer salas de cine para fumadores, cabinas herméticas en los autobuses o ahumaderos segregados en las aulas.
Que la gente fuera a usar estos dispositivos, hoy en día, es cuestionable. Quizás la vocecilla interior diría "pero qué haces ¿estás loco?". Pero bueno, muy libre cada cual de alquitranarse sus pulmones.
![]() | |||
| Entrañable insurrecto que pagará una multaza para regocijo de las arcas públicas y de los que disfrutan como yo viendo estrellado el orgullo de los imbéciles. |
Por cierto, me gusta mucho: Siete falacias contra la ley del tabaco, de Ignacio escolar.












